La eliminación de Ali Larijani complica la toma de decisiones militares y políticas de Irán, pero beneficia la consolidación del liderazgo fundamentalista de Mojtaba Khamenei. Larijani tenía contactos reservados en Occidente -fue negociador del acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos- y planteó a los ayatollahs que había que dejar un backchannel abierto con Washington, pese a la guerra y a la eliminación de Alí Khamenei.
En este contexto, Larijani sugirió que Mojtaba Khamenei no debía suceder a su padre Alí, que por razones personales e ideológicas protagonizaría un liderazgo sin matices diplomáticos.
Larijani perdió la pulseada con Mojtaba Khamenei, que empezó a limitar su participación en reuniones claves convocadas para fijar la estrategia futura de Irán.
En la Casa Blanca aseguraron a Infobae que la caída de Larijani «beneficia» el plan de guerra diseñado por Trump, ya que su ausencia final resta a Mojtaba Khamenei «un análisis sofisticado» del enfrentamiento y sus probables derivaciones políticas, económicas y financieras.
Horas antes de reconocer que Israel había abatido a Larijani y Soleimani, el líder religioso Khamenei puso en marcha una nueva ofensiva militar que se apoyó en el poderoso misil balístico Haj Qasem.
Este misil, que hasta ahora no había sido utilizado en ningún conflicto, tiene un alcance de 1.400 kilómetros y una ojiva de 500 kilos.
Al margen de los casi 1000 kilos de uranio que esconde bajo tierra, Haj Qasem es el arma más poderosa del arsenal iraní.
Los primeros lanzamientos del sofisticado misil balístico tuvieron como target a las ciudades de Beit Shamish, Tel Aviv y Jerusalén, y las bases militares de Estados Unidos en Qatar, Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y el Kurdistán iraquí.
Irán continuará atacando mientras tenga misiles y drones, y la caída de Larijani obtura la posibilidad de abrir una mesa de negociación con la Liga Árabe, que podría desembocar en un eventual diálogo entre Washington y Teherán.
Larijani tenía contactos con Oman, cenaba en un exquisito restó italiano en Beirut, y podía acceder a los principales consejeros de la realeza de Qatar y Arabia Saudita.
